La actriz de 39 años, que se divorció del cantante Kenny Chesney en 2005, quiere poner fin a su soltería. Para ello no ha encontrado mejor remedio que engordar 4,5 kilos, es decir, pasar de una talla 36 a una 38. Renée está convencida que de esta manera gustará más a los hombres.
Según una amiga de la actriz, “Renée estaba muy preocupada porque su delgadez le hiciera parecer demacrada, enfermiza, y lo peor de todo, mayor. Está a punto de cumplir los 40 y no quiere seguir soltera”. Para conseguir su objetivo, la protagonista de Bridget Jones ha cambiado de dieta, lo que le permitirá mantener sus recién estrenadas curvas.
Además, la misma fuente ha afirmado que “Renée solía comer sólo fruta para desayunar, pero ahora se permite donuts o bagels con crema de queso. Y en lugar de hacer ejercicio cinco o seis veces a la semana, no se obsesiona si se pierde una sesión. Está decidida a cuidar otros aspectos de su vida, además de su cuerpo. Esperemos que sus curvas le traigan la felicidad”.
La actriz ha tenido mala suerte en el amor. Pocos romances se le conocen, aunque con hombres muy famosos. Casi todos ellos, compañeros de reparto o amigos actores. El primero fue el director de cine Josh Pate, quien la dirigió en 1997 en el filme El impostor. Luego fue novia de Jim Carrey, con quien filmó, en 2000, Yo, yo mismo e Irene. Cuatro años más tarde conoció al músico country Kenny Chesney, con quien contrajo matrimonio en mayo de 2005 en las Islas Vírgenes. Pero sólo cinco meses después, Renée anunció su separación y demanda de divorcio alegando “fraude”. Las razones verdaderas se fueron desvelando con el tiempo: la actriz quería tener hijos, pero el cantante no.
Renée ha confesado que, si no consigue encontrar a un hombre antes de finales de este año, recurrirá a la inseminación artificial para ser madre.